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Cómo afectan las malas palabras de los padres a los hijos

Cómo afectan las malas palabras de los padres a los hijos

27.05.2016.

Igual de importante es que los niños hablen bien a sus padres que éstos hablen bien a sus hijos. La educación siempre ha de ser bidireccional. Los adultos sabemos canalizar mejor las malas contestaciones y las malas actitudes pero los niños. Les puede afectar sobremanera. ¿Cómo afectan las malas palabras de los padres a los hijos? ¿por qué expresiones podemos sustituirlas?

Frecuentemente podemos observar en la calle, en un parque, en el autobús, en un parque infantil… como algunos padres, presos del enfado por la actitud rebelde y del poco caso de su hijo, le lanza una mala palabra. También los hay, eso sí afortunadamente pocos, que hablan mal a sus hijos cómo costumbre debido a su papel de autoridad y por culpa de una mala situación personal, social o laboral. No hay que olvidar que el 50% de la personalidad de un niño se forma durante la infancia. ¿Te has parado a pensar cómo afectan las malas palabras de los padres a los hijos?

Pues muy fácil. Un niño al recibir abruptos de tus padres genera situaciones de tristeza, incluso hasta miedo y desconfianza hacia ellos. Algo que, de agravarse las palabras y estas situaciones de los padres al hijo puede desencadenar en un desapego y una distancia notoria entre los niños y los padres. Las malas palabras de los padres a los hijos también pueden provocar inseguridad en los más pequeños. ¿Lo estaré haciendo bien? ¿me reñirán si me equivoco? Todos nos equivocamos y debemos hacerle ver a nuestros hijos que equivocarse forma parte de la vida, igual que buscar una solución y esforzarse por ello.

Las malas palabras de padres a hijos les pueden crear conflictos internos, incluso complejos. Sobre todo baja autoestima. El niño no se siente querido ni valorado y asume como ciertas esas palabras y puede dudar incluso de sí mismo. La falta de confianza en el niño puede arrastrarla a los estudios o sociabilizarse, de ahí a cuidar y mucho cómo hablamos a los más pequeños. Por ejemplo, en vez de decirle “eres un vago” debes decirle que “No has hecho los deberes y debes hacerlos por tu bien”. O sustituir el “eres un guarro” si se ensucia por “No te puedes volver a manchar”. El “eres torpe” por “sé más cuidadoso por favor”. Y mucho más el “eres imbécil” por “creo que lo puedes hacer mejor” o el “eres un inútil” por “Tú puedes hacerlo mejor”.

 

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